Editorial el diario El Tiempo
posteado por Secretario Distrital de Ambiente @ 3:24pm, Martes 15 Diciembre 2009.
Ni tan verdes ni tan grises
Nueve años después de expedida la Resolución mediante la cual el Ministerio de Ambiente ordenó a la CAR declarar una reserva forestal en la zona norte de Bogotá, tal decisión no ha sido cumplida.
La causa de la demora es, al parecer, lo contradictorio que resulta asignar una categoría tan restrictiva a un área donde la realidad territorial es diferente.
Luego de estudios y varios debates del Consejo Directivo de la CAR, resulta claro que de 1.500 hectáreas que buscan declarar como reserva, sólo 12 poseen bosque nativo y estas ya fueron declaradas como de protección y son Santuario Distrital de Fauna y Flora, según lo determinó el Distrito en su Plan de Ordenamiento Territorial (POT).
La Administración reconoce la importancia de mantener las formas de vida rural y conservar las condiciones ambientales de la zona norte. Desde el año 2000, los humedales Torca y Guaymaral fueron declarados como Parques Ecológicos Distritales, y los cerros de Torca y La Conejera como Parques Ecológicos Distritales de Montaña. Con estas áreas protegidas se quiere generar un corredor ecológico que conecte los Cerros Orientales con el río Bogotá. Se ha trabajado en la dirección correcta para consolidar la estructura ecológica principal prevista en el POT y en la formación de las barreras a la expansión incontrolada de la conurbación.
Frente a estos hechos concretos, no es técnicamente viable la declaración de una Reserva Forestal, ya que resulta inoperante, además, por los usos actuales: cultivos de flores, actividades agrícolas y pecuarias, colegios y clubes proliferan en la zona y no constituyen propiamente componentes forestales, pero se van a mantener, según lo determina la resolución ministerial.
Surge entonces la pregunta: ¿Cómo establecer una reserva forestal, cuando estas actividades continuarán allí?
También se debe reflexionar sobre el impacto ecológico que tendrá la declaratoria para la región, cuando se circunscribe exclusivamente a los límites del Distrito, sin incluir áreas de importancia ambiental regional como el Cerro del Majuy, y sin medidas efectivas para frenar el crecimiento urbano de municipios como Chía y Cota que se acercan, en forma acelerada, hacia la capital.
El ordenamiento territorial no se logra con decisiones impuestas que contrarían lo técnico y con una figura jurídica inconveniente. La realidad ambiental, social y económica debería orientar las decisiones administrativas.
El Distrito está de acuerdo con el planteamiento de algunos de los habitantes de la zona que piden declarar un Distrito de Manejo Integrado que, por sus condiciones, permite, simultáneamente, acciones de preservación, protección y actividades productivas. No una conservación terca y a ultranza ni un desarrollismo enemigo del futuro. Se trata de construir una ciudad y una región ambientalmente sostenible, socialmente amigable y económicamente competitiva. Ni todo verde, ni todo gris. El justo medio.
JUAN ANTONIO NIETO E.
SECRETARIO DISTRITAL DE AMBIENTE
TRES REGLAS AMBIENTALES DE ORO
posteado por Secretario Distrital de Ambiente @ 12:25am, Miercoles 2 Diciembre 2009.
Por
JUAN ANTONIO NIETO ESCALANTE Secretario
Distrital de Ambiente
En buena hora el
Concejo Distrital, mediante el Acuerdo 392 del 5 de agosto de 2009, ordenó implementar “acciones tendientes a mejorar e incentivar los
hábitos de consumo responsable en los ciudadanos y ciudadanas y las entidades
del Distrito, de manera permanente” y definió éste como “la elección de
productos y servicios, no sólo con base en su calidad y precio, sino también
por su impacto ambiental y social y por la conducta de las empresas que los
elaboran.
Coincide esta decisión del Concejo con la
preocupación de
Ello significa, en términos concretos, que haya
un aprovechamiento moderado y, en lo posible, se logren tres condiciones
fundamentales:
1. Que el ritmo de explotación de los recursos naturales renovables no exceda su tasa de regeneración;
2. Que la tasa de explotación de los recursos no renovables no exceda la creación de sustitutos
renovables. A manera de ejemplo: que la generación de energía a base de
combustibles fósiles vayapari passu con
la mayor utilización de energías alternativas; y
3. Que la emisión de residuos contaminantes no exceda la capacidad de asimilación de los ecosistemas naturales o su neutralización mediante reciclado, reuso, esterilización o descontaminación.
El cumplimiento de estas reglas de oro, por parte del consumidor, implica, como lo dice la norma que citamos, la elección de los bienes y servicios atendiendo también a su impacto ambiental. Claro que esta condición tiene como requisito un conocimiento detallado por los ciudadanos sobre el comportamiento ambiental de las empresas, lo cual no es fácil ni posible, en muchos casos.
Y por parte del empresario, requiere que éste sea consciente que su mejor contribución al medio ambiente es lograr el máximo de eficiencia técnica, es decir, la mayor producción final con el mínimo de insumos y el uso de tecnologías limpias; que garantice el máximo de vida útil a los bienes y no, como sucede hoy, que se programe una vida útil muy corta para obligar al consumidor a comprar de nuevo un bien similar. Ello significa también que los bienes ofrecidos realmente tengan una utilidad cierta y no las fantasías de una publicidad engañosa.
De todas maneras, existen programas concretos a la mano de consumidores y empresarios, conocidos como de las tres R, reducir, reciclar y reusar, que ayudan al cumplimiento de las reglas antes mencionadas.
Reducir, es ahorrar, no desperdiciar; reciclar es aprovechar la materia prima que permanece en los bienes usados; y reusar es darle un uso más continuo a determinados bienes y no desecharlos antes de tiempo.
En síntesis, garantizar el futuro de nuestra
sociedad y del planeta, amenazado con la contaminación y la reducción de los
recursos, es una responsabilidad de todos en nuestra condición de consumidores,
con un comportamiento responsable; como productores, con la fabricación de
productos en forma amigable con el ambiente; y como ciudadanos con el respeto
debido a las normas ambientales.
Siete puntos para garantizar la sostenibilidad de la región capital
posteado por Secretario Distrital de Ambiente @ 1:07pm, Martes 22 Septiembre 2009.
Siete puntos
para garantizar la sostenibilidad de la región capital El distrito está haciendo la tarea de preservar el medio ambiente pero se requiere que haya un esfuerzo mayor por parte de las autoridades de los otros municipios. SDA, septiembre 3/09.- Plan de siete puntos para garantizar la sostenibilidad de la región capital propuso el Secretario Dictrital de Ambiente, Juan Antonio Nieto Escalante, durante el foro "Bogotá 2.038: por una región capital". El funcionario dijo que en cuanto compete al distrito éste viene haciendo la tarea de preservar el medio ambiente pero se requiere que haya un esfuerzo mayor por parte de las autoridades de los otros municipios con los cuales se está configurando de hecho la región metropolitana del centro del país. Aunque reconoció que los acuerdos entre la Gobernación de Cundinamarca son importantes, se requiere de todas maneras un arreglo institucional de largo plazo para que una autoridad metropolitana sea la encargada de orientar las acciones necesarias en el conjunto de la región. Expresó que ese plan de siete puntos se refiere a: 1. Plan de Ordenamiento Territorial Regional; 2. Adopción de la Estructura Ecológica Regional (EER) 3. Estandarización de normas ambientales y tributarias. 4. Revisión y articulación del POMCA del río Bogotá; 5. Programa concertado de producción más limpia en toda la región; 6. Plan de infraestructura vial y de transporte, a partir del uso de energías limpias y 7. Arreglo institucional de largo plazo. De estos puntos, hizo énfasis en que la armonización de normas ambientales y tributarias es un punto estratégico para evitar una ruinosa competencia entre los entes territoriales de la región. Dijo además que, entre Bogotá y la región existe un vínculo indisoluble y beneficios mutuos de los cuales no es consciente la ciudadanía. “No es posible tener una gran ciudad sin una gran región y no es posible una gran región sin una gran ciudad”, sentenció el funcionario.
“Los nuevos fenómenos de metropolización de la sabana de Bogotá están causando serios problemas ambientales que amenazan su desarrollo sostenible.Por eso es necesario adoptar un ambicioso programa en lo ambiental y lo institucional si se quiere que en el futuro se logre el progreso sin atentar contra su base natural y, por ende, con las posibilidades de las generaciones futuras”, afirmó Nieto Escalante en su intervención en el Foro 2038.